

Jürgen Habermas
Habermas lo cuestionó postulando que hay un peligro constante en el uso de la manipulación genética, que es el paso irresponsable e irreflexivo del uso de la manipulación para eliminar enfermedades al uso para descartar embriones por no cumplir las expectativas de terceros, que decidirían qué clase de vida merece ser vivida y qué clase de vida no lo merece. Entrometiéndonos así en la libertad del futuro ser de una vida propia. Sin embargo no fue esto lo que provocó el alboroto, sino una serie de publicaciones a finales de 1999, en donde se acusaba a Sloterdijk de un pensamiento que conducía a un fascismo en el que una comunidad intelectual tendría que ser la indicada para seleccionar qué manipulaciones genéticas son las más convenientes. Una especie de reivindicación del sueño platónico del rey filósofo.
Sloterdijk respondió aclarando que su posición señalaba la necesidad de diferenciar entre las mejoras genéticas a nivel individual y las mejoras no legítimas realizadas a nivel colectivo con un carácter político, denominando de absurdas las alusiones a un fascismo que se esconde detrás de sus ideas. Así mismo, acusó a Habermas de ser el responsable de una serie lecturas deliberadamente mal hechas de su obra. Esto se aprecia en una carta abierta que le dedicó en la que dice: “Usted cosifica a su contrincante. ¿Qué sucedería si la cosa extensa llamada Sloterdijk se atreviera a hablar? Que Usted, el gran comunicador, el paladín de la ética discursiva, orgulloso de su propio no-fascismo, manipule los medios de esta manera, me da la oportunidad de mostrar cómo se le cae la máscara liberal”. Toma mientras.
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