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jueves, 1 de enero de 2009

Phineas Gage

El caso de Phineas Gage es talvez el más conocido dentro de la investigación sobre la relación entre el cerebro y la psicología del ser humano.

Phineas Gage era un obrero de 25 años que trabajaba como jefe de cuadrilla en la construcción de una línea de ferrocarril en Vermont, Estados Unidos. Al parecer Gage era un hombre responsable, tranquilo y de fácil trato con los demás. El 14 de septiembre de 1848 decidió realizar la tarea de dinamitar una gran roca que estaba en medio del camino por el que debía pasar la vía del tren. Perforó la roca y la comenzó a rellenar con pólvora. En seguida, tomo una barra de hierro y comenzó a empujar la pólvora hacia el fondo del orificio. Mientras este trabajo era realizado, la barra de hierro se frotó contra una de las paredes de la roca y provocó una chispa. Esta hizo explotar la dinamita y sacó disparada a gran velocidad la barra de hierro de más de un metro de largo, 3 centímetros de diámetro y 6 kilogramos de peso con la que trabajaba Gage. La barra perforó su cabeza ingresando por la parte superior de la mejilla izquierda y saliendo por la parte superior del cráneo. En su camino, la barra perforó el cerebro en la zona del lóbulo frontal.

Phineas Gage no murió a causa del accidente e incluso no perdió la conciencia y estaba aun en capacidad de hablar y de darse cuenta de lo sucedido. Tras haberlo examinado, los médicos se sorprendieron de ver que sólo 6 horas después Gage tuviera todos sus sentidos de la percepción intactos. Ni su lenguaje, ni sus sentidos del tiempo y del espacio habían sido afectados. Sin embargo, en los siguientes días se tuvo que luchar contra la posibilidad de infección de la herida, que sí podía haber asegurado la muerte de Gage. Tal cosa no sucedió y después de dos meses fue dado de alta, con la total intención de Gage de volver a trabajar. Lo que sucedió luego es lo que interesa en el estudio de la neurociencia. Phineas Gage se recuperó plenamente en sus capacidades físicas, sin embargo, su personalidad parecía haber cambiado. De ser un tipo sociable y tranquilo, pasó a ser alguien con tendencias a la violencia y al mal humor. La psicología de Gage había cambiado considerablemente tras la modificación que había sufrido en un ámbito físico del cerebro. Las siguientes son las palabras del doctor que lo examinó en el accidente y tras él:

“Aunque su salud física parece haberse recuperado, el equilibrio entre sus facultades intelectuales y sus tendencias más animales parece haberse destruido. Es irreverente, agresivo, dado a exclamaciones profanas y vulgares (lo cual no era su costumbre), manifestando muy poca deferencia hacia sus compañeros, impaciente para realizar sus deseos, obstinado y al mismo tiempo caprichoso y vacilante, haciendo planes para el futuro que más tardan en ser planeados que en ser abandonados… En este aspecto su mente cambió radicalmente, tanto que sus amigos y conocidos dicen de él que ‘ya no es Gage’”

Tras el accidente perdió varios trabajos o renunció constantemente a ellos, se divorció y se alejó de todos aquellos que antes eran sus amigos. Luego vivió vagabundeando por los Estados Unidos, mostrándose como un milagro viviente. Murió años más tarde y hoy el cráneo y la barreta se exhiben en el museo de la Escuela de Medicina de Harvard, en Massachussets.

miércoles, 31 de diciembre de 2008

Neurona y mente

Intentar entender la relación entre lo físico y lo psicológico implica que tengamos un conocimiento básico de cuál es el aspecto físico al que se le atribuye la correspondencia con los sucesos mentales. A lo primero que tendríamos que prestar atención es a las neuronas cerebrales y al modo en que ellas funcionan.

El cerebro posee alrededor de 100000000000 (10 a la 11va potencia) neuronas. Ellas se distribuyen en una complejísima organización por medio de las denominadas dendritas y de los axones que son parte de la neurona. Las primeras son identificadas como ramificaciones (déndron es árbol en griego) que recogen información y las segundas como extensiones largas y delgadas que la distribuyen (la información puede ser acá entendida como impulsos nerviosos). Esta conducción de información puede darse a una velocidad de hasta 100 metros por segundo, velocidad que puede resultar impresionante y que hace pensar en que la transmisión desde la punta de la cabeza a la punta de los pies puede durar 1/50 de segundo, pero que puesta al lado de la velocidad con la que el computador transmite información resulta ridícula, ya que este llega a una velocidad de 297.000 km. por segundo. La diferencia es abismal.

Ahora bien, no hay que entender que se trata de un simple traslado de información. Por el contrario, debemos ser concientes de que existen diversos modos en los que la información es trasladada, y diversos tipos de información que se transmite. Toda esta amplitud de posibilidades en las que los neurotransmisores funcionan sigue siendo un campo que la ciencia no termina de aclarar del todo. Y es que no se trata simplemente de un ‘traslado’, en tal traslado hay traducción, reconocimiento, transformación, estimulación, inhibición, etc. Así mismo, no se trata de una organización arbitraria de las neuronas, por el contrario se trata de un sistema totalmente equilibrado que consiste en múltiples y complejos circuitos. Son estas redes neuronales las que constituyen el funcionamiento del sistema nervioso. Aquí se concibe que las neuronas no tienen un funcionamiento independiente, sino que funcionan únicamente en su interconexión con otras neuronas dentro de estos circuitos neuronales que tienen como base de su funcionamiento a los neurotransmisores inhibidores y excitadores. Así pues, los estímulos que excitan se ven regulados por estímulos que inhiben y viceversa, lográndose un equilibrio de autorregulación que no permita caer en estados de hiperexcitación.

Todo esto es importante porque tal mecanismo corresponde (no “controla”, no “provoca”) con lo mental. Diversos experimentos muestran que hay una relación directa entre lo psicológico y lo que ocurre en este ámbito físico del cerebro. Algunos de estos experimentos serán expuestos en siguientes post. Por ahora es importante entender esta base física y comprender que no se trata de un aspecto del que depende cómo actúa el sujeto. Tal es un error recurrente en torno a la pregunta sobre la relación entre lo psicológico y lo físico, en donde se busca quién controla a quién, cuando lo que se tiene que hacer es aclarar cómo tales distintos aspectos se correlacionan entre sí, sin que uno se superponga al otro como si fuera si amo.

Imagen exclusiva de una de las neuronas de Elvis Christo

martes, 30 de diciembre de 2008

Determinismo: actitud de la ciencia

Comentaré un poco lo que se posteó hace ya varios días sobre el problema del determinismo y el libre albedrío. La intensión, ahora, es dar un punto de vista específicamente sobre el artículo al que se aludió. Iré posteando luego de esto más información sobre el tema para tener cada vez más luces sobre él. A lo que me animo en este momento es a mostrar ciertos errores que creo que se cae en las diversas postulaciones de este problema. Evitarlos es un buen paso para que la discusión sea más rica y no caiga en absurdos.

La tesis básica del artículo es la siguiente: la ‘impresión subjetiva’ que tenemos de que vamos a realizar algún movimiento es precedida por una actividad cerebral equivalente al movimiento realizado. Tal actividad cerebral puede ocurrir hasta 10 segundos antes de tener la conciencia de nuestro movimiento. A partir de eso se postula que estamos determinados por la causalidad física que rige todo el universo.

El primer problema con el artículo es que no se describe claramente (ni siquiera confusamente, ya que no hay ninguna descripción) cuáles son los detalles del experimento realizado. Debido a ello queda muy poco claro a qué es lo que se está refiriendo el artículo con ‘impresión subjetiva’. ¿Qué fue lo que se midió? ¿Cómo o mediante qué mecanismo? Estas son preguntas que no tienen ninguna respuesta a partir del artículo, y que desautorizan su seriedad.

Aun así podemos hacer ciertas observaciones al artículo. Podríamos preguntar por ejemplo: si es que nuestros movimientos y la conciencia de ellos están predeterminados, ¿en dónde se está dejando los movimientos por reflejo, en los que no hay ninguna ‘decisión’ tomada, sino que el movimiento es instantáneo? ¿Quién ‘decide’ ahí? ¿La conciencia o el cerebro? Eso me lleva a otro problema clásico en los planteamientos del problema del determinismo: la separación entre lo físico y lo psicológico, la noción de que es uno de ellos el que controla al otro. Tal es la figura de un piloto que controla a la máquina. No se tiene en cuenta en carácter holista del ser humano, la totalidad que es él. No hay un ámbito que ‘controle’ a todos los demás, se trata mas bien del funcionamiento de una totalidad. Yo soy mi cerebro. Yo soy mi ‘mente’. Yo soy mis neurotransmisores, mi cuerpo calloso y mi lóbulo frontal. Todo ello soy yo, no son partes separadas dentro de mí, como si se tratara de las baterías de un objeto mecánico. Cuando hablamos de lo psicológico (mente) y de lo físico (cerebro) hablamos en dos aspectos diferentes de lo mismo (lo cual no quiere decir que son dos discursos que no pueden relacionarse). Esta es una tesis wittgensteniana que espero desarrollar luego un poco más ; esto también se encuentra en la noción de lo “psicofísico” de Ernst Mach.

Por último quiero resaltar la actitud dogmática cientificista del artículo. Este pretende ser un discurso privilegiado, un discurso que por fin ha llegado a la verdad. Bueno, talvez me anime luego a exponer algo de Rorty sobre este tema, pero por ahora sólo debe quedar claro cómo tal actitud ha debido ser superada hace mucho por la ciencia, que se niega a abrir los oídos a los nuevas puntos de vista en la filosofía. Tal vez sea simple desinformación (lo cual sería aun más grave) o talvez sea orgullo que no le permita a la ciencia aceptar que su discurso no es privilegiado y que es tan valioso como el discurso de la literatura, o el de la poesía. En medio de este problema, el artículo cae en el ridículo de decir cosas como “si hubiésemos hecho caso a …”; o de enfrentar discursos antiguos con presupuestos totalmente ajenos a los nuestros con el discurso científico actual que habla de lo falso y lo verdadero como si fueran categorías objetivas del mundo que hemos (al fin!) descubierto. Lo contextual, lo intersubjetivo, lo visto desde múltiples perspectivas, todo ello queda olvidado en el punto de vista del artículo, que llega incluso a decir que “los colores no existen en la Naturaleza”, para dar luego una explicación de cuál es la verdadera naturaleza de los colores. ¿Y qué te hace pensar que esa explicación es realizada desde un punto de vista objetivo?

El discurso del artículo pretende, con abrumadora ingenuidad, decir cómo es el mundo desde el punto de vista del ojo de Dios, pretende alcanzar una verdad extra-teórica que todos acepten sin cuestionamientos. Todo esto guiado por una reducción de todo al aspecto físico, como si el ser humano no fuera más que un mecanismo físico determinado. Esto me hace recordar a Husserl reclamando que una ciencia de meros hechos no hace más que hablar de hombres de meros hechos. Tal es la actitud del artículo que tendríamos que rechazar de inmediato para darle lugar a una concepción más pluralista y comprensiva, en vez de una tan dogmática y explicativa.

Iré ampliando todos estos temas en siguientes post para ir abriendo más el campo del tema del determinismo que en esta ocasión que intentado esquivar con la mayor finura posible.

lunes, 1 de diciembre de 2008

The Stakeout

La libertad es una ficción cerebral

Estamos determinados, como el resto del Universo, por las leyes naturales La libertad es una ficción cerebral, según confirman las últimas investigaciones sobre neurociencias. Estas investigaciones han determinado que la actividad cerebral previa a un movimiento, realizado por el sujeto en un tiempo por él elegido, es muy anterior (hasta 10 segundos) a la impresión subjetiva del propio sujeto de que va a realizar ese movimiento. Y aunque la falta de libertad es algo contraintuitivo, los experimentos indican que estamos determinados por las leyes de la Naturaleza. Por eso en Alemania algunos especialistas están reclamando la revisió
n del código penal para adecuarlo a los resultados de la neurociencia. Y aunque sigamos encarcelando a los que violen las leyes, cambiará la imagen que tenemos tanto de esos criminales como de nosotros mismos. Por Francisco J. Rubia.


La libertad, la voluntad libre o el libre albedrío es una ficción cerebral. Eso es el resultado de experimentos realizados recientemente en neurociencia que indican que la actividad cerebral previa a un movimiento, realizado por el sujeto en un tiempo por él elegido, es muy anterior (350 ms) a la impresión subjetiva del propio sujeto de que va a realizar ese movimiento (200 ms antes del movimiento). Esto quiere decir que la impresión subjetiva de la voluntad no es la causa del movimiento, sino que, junto con éste, es una de las consecuencias de una actividad cerebral que es inconsciente.