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lunes, 8 de diciembre de 2008

The machine is USing us

Dejo este excelente video sobre la noción de que el texto digital no significa simplemente un nuevo 'código' para comunicarnos -como si se tratara de una nueva 'herramienta' en la que hemos encontrado una novedosa 'utilidad' (como talvez diría Rorty)-, sino que nuestra expresión en este nuevo lenguaje es toda una nueva expansión de nuestro ser, de nuestra existencia. Toda una nueva forma de concebir al mundo, a los demás y a nosotros mismos.

sábado, 29 de noviembre de 2008

Quilapayún - Oficio De Tinieblas Por Galileo Galilei

Obra maestra del grupo chileno Quilapayún en la que tratan la temática de Galileo Galilei y su idea de la tierra girando alrededor del sol. La canción se concentra en el conflicto entre la nueva concepción postulada por Galileo y la antigua concepción ptoloméica de la iglesia católica.


La radicalmente nueva propuesta de Galileo comienza a generar todo un nuevo lenguaje en el que la concepción del mundo, de la existencia completa, gira hacia otras dimensiones nunca antes imaginadas. El nuevo lenguaje que comienza a nacer con Galileo aparece como una amenaza para el antiguo lenguaje, choca directamente contra él, se presenta sorpresivamente y sin vergüenza para cuestionar cimientos que en el antiguo lenguaje son intocables, o mejor dicho, en el que ni siquiera es concebible tocarlos. El antiguo lenguaje no puede hacer más que rechazar aquello que llega a interrumpirlo, a romper un orden que pretende ser El Verdadero, El Universal. Tal rechazo no puede darse sólo como menosprecio de la novedad, sino que se da sobre todo como exaltación de una actitud dogmática que apunta a desautorizar sin siquiera escuchar a la novedad. Actitud que por supuesto, no sorprende en la iglesia. Este proceso resulta natural, el antiguo lenguaje no puede quedarse de manos cruzadas al sentir cómo sus fundamentos más nucleares son derrumbados. La existencia en sí misma cambia, se reconfigura. Rorty apunta: “el cambio de lenguajes y de otras prácticas sociales pueden producir seres humanos de una especie que antes nunca había existido.” El cambio no es gozoso. Es, por el contrario, dificultoso y lento, profundo y paralizante.

La maestría de la obra de Quilapayún radica en la excelente expresión de estos elementos en el enfrentamiento entre el dogmatismo y la novedad desfachatada. Pero además, la obra es fiel a la historia. Sabemos que Galileo cedió ante la presión de la iglesia. Y esto porque a Galileo no le costaba nada ceder, él estaba convencido de que lo escuchasen o no, la tierra giraba alrededor del sol. Galileo podía ceder por su bien y simplemente pensar para adentro: ‘y sin embargo la tierra gira alrededor del sol, y ese es un hecho que va más allá de si yo me callo o no’. Esto es brillantemente expuesto en la obra, en la que el lenguaje galileano está personificado por la voz solista mientras que el lenguaje ptoloméico está personificado por el coro. Lenguajes que se cruzan uno con el otro, estando siempre la voz galileana por sobre el coro ptoloméico (a excepción del final de la canción, en el que la voz galileana hace su última e interna reflexión). Esta última ‘imagen’ nos da la impresión de que el nuevo lenguaje que irrumpe siempre lo hace ante la presencia del lenguaje antiguo, siendo este último el lenguaje habitual, el normalmente concebido. Así pues, la solidez del antiguo lenguaje está siempre presente y manteniendo una base sobre la que se apoya la melodía de la voz solista, que tiene de plataforma una constante repetición que hace el coro: “Ptolomeos, Ptolomeos”. Así, se representa un lenguaje habitual y pasivo sobre el que llega el nuevo lenguaje sorprendente y activo para pisotearlo con sus nuevos significados y sentidos.

El concepto de la canción pasa entonces por ser histórico, teológico y filosófico.


miércoles, 12 de noviembre de 2008

Realidad e Internet


Asistí a una muy interesante ‘ponencia’ (que de lo que entendemos regularmente por ‘ponencia’ no tuvo nada) de Eduardo Marisca en el simposio de estudiantes de filosofía de la pucp.

Lo primero a resaltar es el formato que se presentó. Me gusta pensarlo como que no fue simplemente una exposición sobre filosofía, sino que fue filosofía misma, hecha con instrumentos no sólo totalmente ‘validos’ sino que además muy ricos y muy productivos.

Lo segundo es el tema que se trató. Tema que no pienso ni resumir ni comentar directamente. Lo que me interesa es realizar algunas reflexiones en torno a cosas sueltas que me quedaron dando vueltas. Como bien dijo E. Marisca, su presentación no se dirigía a exponer una doctrina sino a proponer diversas cuestiones que nos inviten a discusión. Intentaré aceptar la invitación con total libertad.

Estamos en tiempo de medios masivos de comunicación. Medios que precisamente no se comportan como simples ‘medios’, sino que ya pasaron a ser parte fundamental del entendimiento que tenemos del mundo. El Internet es definitivamente un fenómeno que ha cambiado la realidad. Me explico. Hace algunos años recuerdo haber descubierto con fascinación la llegada a Lima de lugares en donde se ofrecía el alquiler, por cierto tiempo, de una computadora con acceso a algo llamado ‘Internet’. Recuerdo incluso haberme topado con un par de estos locales y haber elegido uno de ellos porque en su puerta de entrada decía algo así como: “Promoción: alquila 1 hora de Internet y te creamos tu correo electrónico gratis!” Yo por supuesto, ingenuo y emocionado, fui a aquel lugar pensando que iba a ser un lujo increíble tener mi propio ‘correo electrónico’, y encima gratis!

Yo viví la sorpresa del Internet, descubrí el mundo que se abría con él y me dejé asombrar. Sin embargo, hoy en día, el niño ya no vive el Internet como sorpresa, lo conoce desde el inicio, no se asombra con él al nivel en el que yo lo hice. Por que yo descubrí un mundo nuevo, un mundo que me avasalló y que me fascinó al instante por su riqueza de posibilidades. El niño de hoy no descubre un ‘nuevo’ mundo. El niño crece en tal mundo, le es totalmente familiar, y en tal sentido, concibe la realidad de un modo bastante diferente a como se la concibió antes de este fenómeno. A lo que apunto es a que el Internet no es un simple instrumento como algunos piensan (o como ciertamente lo puede ser para cierta gente), sino que el Internet se ha convertido en toda una forma de enfrentarse al mundo, de concebirlo, de armar los esquemas conceptuales, mentales, lógicos o como quieran llamarlos, a partir de los que vivo mi existencia. Así es, la propia existencia se ha transformado, ha comenzado a abrirse a nuevas posibilidades. El Internet conforma una nueva dimensión de nuestra forma de vida, a partir de donde se genera un profundo y complejo ‘juego de lenguaje’ que resulta tan rico como otros. El nivel ontológico de tal lenguaje, el nivel vivencial, expresivo, e incluso el nivel racional, toda dimensión de la existencia se ha abierto a una nueva posibilidad.

Este nuevo lenguaje nos abre a nuevas cuestiones que ni siquiera imaginamos, ni siquiera nos planteamos con el antiguo lenguaje. No es que con el nuevo lenguaje estemos enfrentando las mismas cosas que enfrentábamos antes pero a través de un medio distinto, es mas bien que se abre el nuevo lenguaje, nos sorprende, y nos plantea nuevos problemas, nuevas opciones, nuevos criterios. Como dice Rorty, este “nuevo vocabulario hace posible, por primera vez, la formulación de los propósitos mismos de ese vocabulario.” Las nuevas cuestiones se plantean en los términos de este nuevo lenguaje, por lo que no son cuestiones con las que podamos lidiar con comodidad mientras no estemos inmersos totalmente en tal lenguaje, actuando en él con naturalidad. De ese modo, nos planteamos los problemas que nos da el lenguaje en los términos del propio lenguaje.

Esto no sólo sirve para entender cómo es que se está dando el fenómeno de lo multimedia y del Internet, sino que resulta fundamental que a partir de tal entendimiento nos planteemos la importancia de estar en una era en la que se abre un nuevo mundo, literalmente. No es simple cuestión de plantear la ‘novedad’ que estamos experimentando. Es cuestión de hacernos concientes de la situación en la que estamos existiendo del modo más concreto. Es cuestión de aplicar el ‘conócete a ti mismo’ socrático a partir de estos nuevos términos. Hay toda una carga ética en estas reflexiones sobre la nueva era con la que ya dejamos de enfrentarnos hace rato, para ya estar mas bien viviendo totalmente inmersos en ella. Somos tal era, y creo que entenderla con seriedad como una forma de concebir el mundo que nunca antes se nos presentó resulta importante por motivos de simple coherencia de la humanidad.